Época Difícil
A partir de la fecha de su fundación, los pobladores de Tarimoro se vieron asediados por los poseedores de las tierras, a tal grado de que prácticamente el pueblo desapareció; por tal motivo se han venido manejando dos fundaciones: la primera posesión ya descrita, en 1563 y la segunda en 1800.
Don Juan Bautista Luyando, quien fué Alcalde Mayor de Guanajuato en 1685, se ostentaba como propietario de la hacienda de Tarimoro a travéz de su esposa Jerónima López de Peralta, como cuarta heredera del Mayorazgo de Tarimoro. Don Juan presionó a los indígenas para que se reubicaran en la falda del lugar conocido como "El Cerrito", lugar carente de tierras para el cultivo y de agua, además de demoler la capilla.
A pesar de esto, los naturales se aferraron a su capilla, en el lugar donde años después fuera construido el templo actual; la razón de su persistencia era que anexo a la mencionada capilla estaba ubicado su cementerio, el cual por ninguna razóndel mundo dejaron abandonado, manifestando de esa manera su asiduo respeto a sus raices culturales.
En el año de 1707, de nueva cuenta los naturales se vieron envueltos en otro problema, ahora por una reclamación de unas tierras que hiciera Don Antonio garcía Botello, vecino de Salvatierra.
Después de esto los naturales del pueblo de San Miguel Tarimoro anduvieron errantes, pues cada vez que llegaba un nuevo propietario, era motivo de litigio en virtud de que siempre trataron de replegarlos hacia la parte del cerro. Esta situación repercutió hacia el futuro, en lo que respecta a monumentos históricos, ya que no existe ninguno que determine esas épocas debido más que todo, a la inseguridad y sobresalto en que vivian. Desde 1774 ya se había puesto queja de la destrucción que había sufrido el pueblo de Tarimoro.
Don Ponciano nos narra: "Que la aparición de una aurora boreal ocurrida a finales del siglo XVIII, había preocupado a todos los naturales, porque para ellos representaba la señal precursora para que comenzaran las nuevas vicisitudes que se les esperaban, porque luego al principio de 1790, sin saberse cual haya sido la causa o motivo que dío a la Republica de naturales, se les presentó un padre con un gran acompañamiento de gachupines, que después de haberles reunido a toque de campana en el espacio que había en la capilla y que se nombra cementerio, les dijo una misa y que luego de esto, les leyó un papel en donde se les mandaba, por orden del Rey, que desocuparan aquel lugar que no les pertenecía, dándoles un plazo de ocho días y aquel que no saliera en ese plazo se les designaba, volvieran los que estaban presentes, les quemarían sus casas y degollarían a los que encontraran".
Inmediatamente que concluyó este acto se fueron, no sin haber oido antes las protestas y resistencias que manifestaron los naturales, quienes insistieron en que no abandonarían aquel lugar que les pertenecía, desde antes que hubiera aquel Rey que los mandaba despojar. Se apoderó de todos la consternación más espantosa y los llantos y reclamaciones de unos se unían a las protestas y juramentos de los más resueltos, que comunicaban a los pusilánimes el valor que era necesario, para no dejarse atropellar".
Recibieron también un ofrecimiento para congregarse, ya fuera en Acámbaro o en Tarandacuao, situación que de ninguna manera aceptaron.
Para el año de 1798, ya los naturales habían estado haciendo gestiones ante el virrey para que se les restituyeran sus tierras, mediante comisiones de sus representantes, quienes realizaron muchos viajes a la Ciudad de México, cuyos gastos erán costeados por todos los naturales incluyendo las mujeres, quienes contribuían con alimentos, sus oraciones y penitencias, rogando a Dios les concediera sacudirse el yugo de la servidumbre a los dueños de la hacienda que por más de un siglo venían padeciendo.Ver también

















